2 de junio de 2009

Ser o no ser, he ahí su dilema...


Su dilema de mostrarse al mundo, de verse vulnerable ante una realidad que lo encontró desprevenido, pero que ya había anunciado atisbos de existencia.
Sí, soy el culpable de sus males, de sus penas, de sus angustias; sí, soy el malo, el antagonista, el problemático... Alguien tiene que asumir la culpa, y por él yo la asumo. Por él, solo por él.

Él... Aquel que una vez vi pasar con una polera amarilla y sus lentes de sol con marcos blancos, con un gorro en la cabeza y su típica mochila antigua, andrajosa y harapienta de color café. Aquel que se robó mi mirada por un segundo y que hizo de un solo paso, el más lento que he visto.
Él, con su especial peinado, con su cuerpo esbelto, con su piel de sol que mantuvo mi atención hacia sí y que hasta el día de hoy me tiene en lo mismo.

Él, de manos suaves, de ojos y sonrisa brillantes. De labios imponentes y de sutiles caricias. De miradas elocuetes, de metáforas y de risas nerviosas. De escusas y más escusas, de evadir, de no dar la cara... Pero lo entiendo.

Y respóndete solo el porqué te entiendo, el porqué te espero y el porqué te escribo esto. Porque lo sabes, lo tienes muy claro y estoy esperando que me des una respuesta, pero resguarda: soy paciente, por ti soy paciente.

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