Se esfumó entre ráfagas ondulantes de un fétido aire. Entre gritos y bailes de un rito no religioso, y menos aún con sentido.
El tiempo pasa y marca su camino en el rostro de los ancianos, y las líneas de las manos se hacen cada vez más profundas. El tic tac del reloj ha cesado un momento, pero solo para que la bomba por fin detone.
Y solo quiero mirarte a los ojos y ver si, de una vez por todas, entiendes algo de lo que digo.
Sí, Daniel... Me Cansé.
