A un desahogo de meses y meses que no me ha dejado dormir, que no me ha dejado respirar y que no me ha dejado verte con otros ojos.
Daniel Albornoz Morales, el hombre que durante cuatro meses hizo que el brillo de mis ojos volviera a renacer; la primavera que despertó vida dentro de los capullos que había mantenido en mi estómago por un letargo invernal.
Daniel, que estás leyendo estas letras en este momento... Te hago conocer todas las palabras que, de alguna u otra forma, inventaste tú, porque tú fuiste el frasco de tinta, la "inspiración", aunque suene asqueroso y cliché, de todo lo que fui capaz de escribir en este tiempo.
Pero antes quiero que sepas que yo creí, bajo el velo de un amor soñado, que ambos alguna vez estaríamos juntos, vagos anhelos que se quedaron en una nube flotando y que de a poco se deshacen sobre mi cabeza. Más de alguna vez sentí, o más bien creí, que tú sentías algo por mí... Ja, qué idiota.
Es más... Estos escritos tenía pensado mostrártelos una que estuviésemos juntos, pero esa idea ya se esfumó lejos de acá.
En fin, no creo que sea necesario seguir hablando y gastando palabras en algo que ya ha quedado claro y que ya sabes.
Daniel, bienvenido a mi mundo interno, a mi medio de desahogo. Bienvenido a un Tú desde mis ojos sesgados.
24 de julio de 2009
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